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Exposición «Muchacha, señorita, señora»

Publicado 31/01/2016

El 15 de enero en Samara en la casa-museo de Lenin se ha inaugurado la exposición "Muchacha, señorita, señora". Aquí son presentados los objetos de la colección privada de Tatiana y Serguéi Makéev.

¿Con que jugaban las muchachas a finales del siglo XIX? ¿Cómo se vestían las señoritas y que astucias practicaban las señoras para verse atractivamente? Sobre todo esto cuenta la exposición de la colección privada de la familia Makeev. La exposición se ha traido de Moscú, sin embargo la historia de esta familia está vinculada a Samara.

El tatarabuelo de Tatiana Makeeva, Fiodor Runne, hasta 1874 era el propietario de la farmacia que se encontraba en la intersección de las calles Leningrádskaya y Frunze en Samara. Muchos habitantes locales todavia recuerdan la farmacia con las vitrinas de madera y la multitud de pequeñas cajas sobre las estanterías, ya que también en la época soviética la farmacia se encontraba en este edificio. Se clausuró recientemente, en el comienzo de los años 2000s.

Tatiana Makeeva tiene intención de conocer en los archivos de Samara los detalles de la vida de su tatarabuelo. Y la bisabuela de Tatiana, María Runne-Fedorenko, era una de las mujeres-médicos primeras en Rusia, terminó la carrera médica en Ginebra. La parte de los objetos traídos a la exposición, aparentemente, le pertenece a ella.

En la colección privada de Makeev incluye los objetos de escritorio, incluso el papel con las monogramas y las prensas nominativas, los juegos para la costura, los juegos de mesa populares en el siglo antepasado, las fotos, los documentos, la vajilla, los vestidos de señora y hasta la ropa blanca. El interés especial será llamado por los objetos que tocan la higiene personal y la moda: los aguilones metálicos para la colocación del cabello y el mechero para su calefacción, los papillotes, los aparatos para el pulimento de las uñas, varios accesorios y también la multitud de estuches pequeños de plata y de porcelana, las cajitas, los borbotones.

Para la intriga los museólogos han dejado algunos de los objetos sin nombre, y los visitantes tienen que romper la cabeza sobre la adivinanza de su destinación verdadera.